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Bodas de 100 millones

Una boda que cuesta 100 millones.

¿Realmente era necesario? ¿Cuántos unicornios han sacrificado en la celebración?

Hay gente que hace tiempo que perdió el norte, entre ellos está este empresario indú.
Porque una cosa es casarse, otra casarse celebrándolo, y otra casarse y celebrarlo quemando billetes.

No hay para pensiones (pero sí para caballitos)

El hipódromo de La Zarzuela sigue comiendo dinero público. En concreto 4,4 milloncitos de euros que aportamos todos los ciudadanos del país, acumulando 32 millones de nada en pérdidas.

A mí me parecería muy bien si fuese día sí día no a montar un caballo, pero la realidad es que me la sopla si cierra sus puertas para siempre, por muy histórico que sea. No deja de ser el lujo caprichoso de unos pocos pagado con dinero de todos.

Basta ya de decir que no hay dinero para unas cosas mientras de derrocha en caprichos de unos pocos.
Basta ya, politicos cínicos e indecentes.

Con la comida no se juega. Segunda parte: San Asensio (La Rioja)

Después de desperdiciar tomates a mansalva en "La Tomatina" ahora toca tirar vino y más vino en "La Batalla del clarete" en San Asensio, La Rioja.

Parece como si viviéramos en un mundo donde cultivar tomates o uvas fuera gratis, sin consecuencias, como si tuviéramos recursos ilimitados.

Pues nada, que siga la fiesta del despilfarro mientras retruena en mi cabeza "Con la comida no se juega".

"Hazme un retratico, pal Congreso"

La puñetera costumbre de pagar dinerales de dinerete público para hacerse un retrato que colgar en el Congreso de los Diputados o cualquier otra institución pública tiene que terminar. Pero ya.

El único caso en que lo aceptaría con agrado es cuando sean los propios ciudadanos quienes lo pidan, como agradecimiento a su buena labor. Sí, esa buena labor que hace tanto que no vemos.

Pero los políticos, con alguna deficiencia de autoestima o patología clínica, siguen haciéndose retratos a nuestra costa.

Es el Photoshop de quienes lo camuflan bajo "es el punto de vista del artista" cuando, para colmo se parecen lo que un huevo a una castaña. Y encima se lo pagamos.

Yo no digo que haya que quemar los que ya se han hecho, pero sí retirarlos y ponerlos en el museo de los horrores políticos del país y, junto a cada uno, una plaquita con lo que nos ha costado su caprichito.

Hay que tener muy poca vergüenza. Y lo peor es que se creen merecedores de tal premio. El colmo.

Sólo hay que ver a José Bono con pelo y un retrato que costó una fortuna en plena crisis económica para darse cuenta que los cerdos están gobernando la granja.

Las instituciones públicas deberían ser extremadamente funcionales austeras pero sin que les faltase nada para poder desempeñar su trabajo adecuadamente.

Que Dios bendiga a los imbéciles hechos a sí mismos, porque yo no puedo.