El Tribunal Supremo lo ha dejado claro: los bitcoins no son dinero.
Por si alguien tenía dudas, por los bancos andar tonteando con el tema y la gente buscando chollos, ahora ya pueden seguir especulando sabiendo las consecuencias.
El Tribunal Supremo lo ha dejado claro: los bitcoins no son dinero.
Por si alguien tenía dudas, por los bancos andar tonteando con el tema y la gente buscando chollos, ahora ya pueden seguir especulando sabiendo las consecuencias.
En cada época quienes tienen dinero y han querido hacer ostentación han encontrado la forma de hacerlo.
En otra época fue con las fuentes ornamentales de agua: tengo agua suficiente como para usarla de decoración.
Y en todas se caracterizan por su poca utilidad y coste económico. Para muestra el obelisco ondulante de Madrid, hoy más tieso que un palo de escoba.
En la actualidad hay una muy común que son las ventanas que solo se pueden limpiar desde fuera y tienen que ir escaladores profesionales a limpiarlas descolgándose desde las azoteas.
¿Es necesario? No. Al arquitecto "guay" no le costaba mucho hacer que se pudieran abrir (aunque fuese con llave para evitar que algún tonto se caiga), pero era más chulo que no se abran, tirar a toda mecha de aire acondicionado y que las limpien fornidos escaladores.
Otra más y muy reciente: hamburguesa con oro.
Para quien aún no lo sepa, el oro es un elemento muy poco reactivo, por lo que puedes comerlo. No te hará daño pero tampoco ningún beneficio. Es literalmente tirar el oro al retrete. ¿Para qué? Pues para darse importancia. Porque quienes comen semejante estupidez se sienten especiales mientras lo mastican y mientras se lo cuentan a otros en persona o en cualquiera de esas mierdas llamadas redes sociales.
Esperemos que estas modas no se pongan aún más absurdas, pero no tengo mucha esperanza.
Después de que el Banco de España dijera con la boca pequeña que había una burbuja inmobiliaria, no fuera eso a molestar a nadie, ahora muestra una vez más que está ahí de adorno con el tema de la doble comisión al extraer dinero de los cajeros.
!Un gran aplauso para esas instituciones que pagamos entre todos y no hacen su trabajo! ¡Bravo!
Es lo que le he oído a un anciana hace unos minutos al pasar por la caja del supermercado, dejando uno de los dos productos iguales que llevaba, y no eran latas de caviar.
Solo el pensamiento de que no tuviera dinero suficiente para un producto básico, aunque solo sea la posibilidad, aunque muy probable, me ha puesto enfermo, sabiendo los políticos que tenemos, a quienes solo les deseo lo mismo, por muchos muchos años.