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James Watson y la relación entre inteligencia y "raza"

Si ya de por sí no tiene sentido hablar de"razas" en la especie humana, James Watson, el premio Nobel por el descubrimiento de la doble hélice de ADN, va más allá y las relaciona con la inteligencia.

Y para demostrar justo lo contrario está él mismo como muestra.

Porque tonticos los hay en todas partes y en cualquier parte, sin que tenga nada que ver cualquier otra característica, física o no.
No hay nada que delate al idiota excepto cuando habla.

Conozco idiotas rubios, morenos, de ojos azules, castaños o verdes. Idiotas altos, bajos, de pelo liso y rizado. Idiotas de piel clara, piel oscura y tonos intermedios. Idiotas  españoles, catalanes, vascos, gallegos, andaluces, colombianos, húngaros, alemanes, franceses, indues: en todos los países y regiones hay idiotas. Idiotas con traje y en chándal. Idiotas alegres y tristes. Idiotas sin formación e ingenieros. Y hasta idiotas con un premio Nobel.

Por qué no compro lotería (ni juego a juegos de azar)

Ni lotería, ni juegos de azar, ni apuestas.

Hay gente que compra lotería, otros tienen problemas con los juegos de azar.

¿Qué atractivo tienen? Inviertes una pequeña cantidad y puedes multiplicarla a una gran cantidad.
pero hay que tener las probabilidades que eso ocurra.

Si eres capaz de asumir la pérdida de esa pequeña cantidad y saber cuándo ya has perdido suficiente (por la probabilidades de que te toque), entonces juega, excepto si ves un poco más allá, y explico por qué.

Los premios de los juegos de azar no salen de la nada: salen de lo que han pedido los que no han ganado. Es decir, el pequeño perjuicio de muchos es el gran beneficio de unos pocos. ¿Suena a capitalismo?

Pero vayamos más allá: loterías del estado.
Las loterías del estado no reparten en premios todo lo que han recaudado. Por ejemplo, en la lotería de Navidad española, el 22% se lo queda el Tesoro Público.

En otras palabras: el estado se queda con un 22% de lo que juegas en la lotería. 
Y no solo eso: además vas a tener que pagar impuestos sobre el premio (dependiendo de la cantidad).
Y para colmo lo haces con ilusión.

Y con el gancho de que "puedes ganar mucho dinero", florecen las loterías y juegos de azar: las loterías, los rasca-rasca, los bingos, las tragaperras, los casinos, las apuestas, y cada día hay alguien preparando algo para aprovecharse de lo que se consideran poco afortunados y esperan que la suerte lo mejore, haciéndoles partícipes de sistemas en los que con toda probabilidad van a perder, no mucho, pero van a perder.

Prefiero obtener beneficio de mi trabajo, no por azar, que cuanto más trabaje más obtenga. Así de sencillo.

Pablo Motos no es premio de cultura

No lo es Pablo Motos: lo es el programa de televisión "El Hormiguero" y el premio es en la categoría de "Televisión" de los "Premios Nacionales de Cultura".

Nos lo aclara "El País", esa publicación que fue un periódico hace bastantes años.

También nos lo aclara "El Diario".

No hace falta ser un genio para abreviar con acierto "Premios Nacionales de Cultura, en la categoría Televisión a El Hormiguero" como "Pablo Motos Premio Nacional de Cultura", porque no son muy distintas, por mucho que insistan en que el "Premio Nacional de Cultura" no exista exactamente como tal.

La cuestión es que a un programa de entretenimiento, de dudoso gusto en mi humilde opinión, le han dado 30.000 euros de todos los españoles por su contribución a la cultura, euros que se lleva la productora de la que es administrador Pablo Motos.

No hay dinero para hospitales o educación, pero sí para programas de entretenimiento.

Que alguien me lo explique.

Premio del dia: ATresPlayer.com

Y el premio del día se lo lleva la web de atresmedia por su buscador, que no funciona.
Con lo sencillo que es hacer una página con enlaces y unos marcadores a unos tags...

Una de cal y una de arena: Jordi Évole

Jordi Évole tiene una trayectoria profesional que me parece llamativa.

Se forjó una reputación de no callarse nada y sobretodo hacer preguntas incómodas que dejaban a la vista los embustes del entrevistado.
Eso fue lo que no vi en su entrevista al Ministro del Interior Jorge Fernández Díaz. En su lugar vi una entrevista baja de tono en la que Jordi parecía más interesado en no quedar mal que en sacar verdades.

Hoy leía la noticia de que el discurso de Jordi al recibir un premio "se había hecho viral en las redes". Una de cal y otra de arena.

Porque dijo tres verdades: que los periodistas no pueden acercarse tanto al poder, ir de la manita, que los periódicos actuales no publican algunas informaciones y que los mismos políticos que apoyaron una guerra rechazada por la gran mayoría de la población siguen en sus puestos como si nada, y usa lenguaje dedicado a un tipo de publico: "poltronas".

Y en estas tres cosas me parecen que ha dado en el clavo, pero no en la entrevista al ministro, ni en el lenguaje que pretende acercarse a de quienes nunca debió separarse.

La importancia den una idea está en idea, no en quien la dice.

No hace mucho tiempo discutía con una persona sobre la idoneidad o no de una idea. Una postura procedía de un jefe y la otra del personal de limpieza. Asombrosamente en la discusión alguien dijo "quizás por eso están limpiando y no dirigiendo". Es decir, se estaba valorando según de quién venía la idea, no la idea en sí misma.

Bien, Jordi, un aplauso a tus tres ideas. A estas.

Actuar con coherencia. Tener principios. Justicia.

El alcalde de Barcelona Xavier Trias (Convergencia i Unió), en lugar de utilizar todos los instrumentos legales para aclarar el asunto del 4F se dedica a dar palmaditas en la espalda a base de premios.
La actitud de los autores del documental "Ciutat morta", Xavier Artigas y Carlos Ortega, me ha parecido adecuada, correcta a la situación, ponderada, ejemplar y coherente. No sé si yo en su lugar hubiera sido tan correcto.
Los políticos agarrados con uñas a sus cargos y su ceguera respecto a quienes deben responder me parece de película de ficción-terror.
Y esto tiene que cambiar. Esto no se puede llamar justicia.
Tengo muchos adjetivos para este tipo de persona y ningún halago.