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Suicidio genético

Querido señor presidente de turno (todos ustedes me parecen lo mismo) de esto que llaman país: viendo la inutilidad de votar en el sistema político que han creado y modelado ustedes a su gusto y de espaldas al pueblo tengo la satisfacción de comunicarle mi decisión de suicidarme genéticamente.

Dada su corta vista para estos asuntos y la dificultad y trabas que no dejan de poner al mismo, he decidido no tenerla. Créame cuando le aseguro que a mí me supone menos sacrificio que a usted y sus torpes proyectos y el estropicio que le causará a usted me hará sonreír largo tiempo y hasta mi muerte. Ahora ya sabe de qué se ríen los ancianitos cuando ven un político.

Yo no voy a dejar descendencia, lo que apriori a usted se la chufla. Pero además de mis genes, que quien pudiera decir que algún dia no necesitará,  tendrá como poco un trabajador menos, un inmigrante que deberá ocupar ese  vacío que ya no llenara mi descendencia.

Mi jubilación, si la veo, la pagará otro que no serán mis hijos y me llena de satisfacción fastidiarle su futuro aunque usted me esté fastidiando el presente.

Cordialmente,

Un ciudadano.


Gobernados por gilipollas

Y no me excedo, no. Según la Real Academia de la Lengua Española, "gilipollas" es "tonto, lelo", así que le viene como un guante a nuestro presidente cuando le oigo decir "crecimiento negativo"  (Telediario La Sexta: minuto 8:20)". Vamos, que "tonto" o "lelo" me parece aún muy suave para describirlo.

Realmente hay que ser gilipollas para renombrar la recesión como "crecimiento negativo". Pero gilipollas del todo. Como si digo "blanquear con negro" o "apagar un fuego con gasolina", lo mismo.

Ya hace tiempo que veo que tanto PSOE como PP tienen su visión particular de cómo debe ser la sociedad, pero que les importa tres pimientos si eso coincide con la realidad o es mínimamente compatible con ella. El PSOE sólo habla de que no se puede recortar, como si la recaudación de hacienda fuese infinita,  y el PP no hace más que aplicar políticas que benefician a unos pocos con la falacia de que, al final, resultará que es lo mejor para todos.