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Coches eléctricos y Antoni Gaudí

Antoni Gaudí murió atropellado por un tranvía y yo voy a morir atropellado por un coche eléctrico: no se les oye venir.

Que un coche no haga ruido es peligroso cuando estás tan acostumbrado a que haga bastante.

Debería ser obligatorio que al menos llevarán las luces encendidas.

Pero no. Los políticos en están en la Parra.

Coches eléctricos y Antoni Gaudí

Antoni Gaudí murió atropellado por un tranvía y yo voy a morir atropellado por un coche eléctrico: no se les oye venir.

Que un coche no haga ruido es peligroso cuando estás tan acostumbrado a que haga bastante.

Debería ser obligatorio que al menos llevarán las luces encendidas.

Pero no. Los políticos en están en la Parra.

Noticias de amarillas: un robot mata a un hombre

Podemos leer en La Vanguardia y en El Pais la noticia de un trabajador que ha muerto a causa de las heridas provocadas por un robot.

Hasta ahí la única pega a la noticia es que ambos diarios dicen que el robot mató al trabajador. Es como si dijesen "acantilado mata a alpinista" o "coche mata a familia de cuatro miembros"

Cuentan la noticia como si el robot, cual pelicula de ciencia ficción hubiese decidido matar, cuando en realidad no es mas que una maquina programada.

Además hay que tener en cuenta que este tipo de robots como el de la noticia no están diseñados para trabajar con gente por en medio, por eso están rodeados de una zona de seguridad en la que las personas no deben entrar mientras el robot esté en marcha. El robot se mueve en movimientos estrictamente programados, de ahí que no pueda evitar obstáculos, al no estar esa variable contemplada.

En el caso de La Vanguardia aún va mas allá y dicen que el robot "agarró" al hombre. Solo les ha faltado decir que después del accidente el robot soltó una carcajada maléfica y dijo "¡Dominaré el mundo!".

Hay que ver el periodismo tan serio que tenemos en nuestro país. Luego se quejarán de que ya no venden. Que sigan así y podrán quejarse a gusto.

Prohibir es más rápido

Ante situaciones no deseadas lo más rápido y sencillo es prohibir. Buscar la causa y tomar las medidas necesarias para evitar los efectos no deseados es más complicado. Y Ana Botella lo sabe y de paso calma torpemente y por poco tiempo los ánimos de los agraviados.

Ya pasó en Madrid cuando el vicealcalde de Madrid, Miguel Ángel Villanueva, no descartaba prohibir comer en la calle debido a la "mala imagen" y a los desperdicios que generaba esa actividad, tal como otros hicieron en Roma.
Si un local de venta de comida no dispone de espacio para que sus clientes la consuman está claro que el local obtiene un beneficio por tener un establecimiento más pequeño y por lo tanto también sería justo hacérle partícipe del coste de la limpieza que sus clientes generan al tener que consumirla en la calle. Pero es más fácil directamente prohibir comer en la calle, produciendo preguntas tan absurdas como si dar el pecho a un bebé es comer en la calle.

Y en Madrid han vuelto a repetir la misma estrategia, esta vez Ana Botella. En lugar de esperar a las conclusiones de la policía respecto a las causas del accidente del pabellón municipal Madrid Arena y de si hubo algún fallo de seguridad o medida que lo hubiera podido evitar, simplemente anuncia que el Ayutamiento de Madrid no cederá, alquilará o consentirá en ningún edificio del Ayuntamiento un evento similar: muerto el perro, muerta la rabia, aunque en realidad la solución que dan sería como matar a todos los perros porque uno tiene la rabia.

Y lo peor es que eso no afectará a las condiciones de los eventos que se realicen en espacios que no sean del Ayuntamiento y por lo tanto un accidente similar podrá volver a suceder, aunque no en un edificio del Ayuntamiento, mientras no se aclaren las causas y se regulen las medidas que son necesarias para evitarlo.