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Celia, Celia, Celia... Villalobos

Después mostrarse muy aplicada en El Congreso de los diputados, con un juego en un tablet (¿el que regalan a todos los diputados como herramienta de trabajo?), la han vuelto a pillar muy aplicada viendo modelitos de ropa.

Celia Villalobos batiendo récords del Candy Crush
Celia Villalobos valorando la nueva moda otoño-invierno

Celia Villalobos planchando la oreja.


Pero Celia es mucha Celia, y no se amedrenta ni aunque la pillen sin hacer su trabajo.
No: Celia lo corona con un "He hecho lo que me ha dado la gana".  Pero bueno, eso ya lo sabíamos: el trabajo no está hecho para Celia Villalobos, una crack de la política que ha dejado una gran huella en los libros de historia de España ("¡Vamos, Manolo! !No son más tontos porque no se entrenan!")


Celia Villalobos, la dama de la política española, es un referente mundial, del saber buen hacer, de la educación, de la responsabilidad y, sobretodo, del trabajo duro en el Congreso de los Diputados.

Celia Villalobos, que debe tener cayos en los dedos de tanto trabajar, además pide a los periodistas de la dejen en paz.

Pero hay más: que la pillen sin hacer su trabajo, cuando debería estar haciéndolo, es una campaña en su contra.

Menos mal que es diputada, porque con su currículum no iba a durar ni el periodo de pruebas en una empresa privada.

Pero quedémonos con los estupendos momentos que nos deja, esos momentos de empaque más propio de un pueblo de botijos, de manojos de ajos colgados en las puertas, de baras y cabras, pero en la cámara del estado donde se hacen las leyes que todos tenemos que cumplir.

¿Por qué iba Celia a hacer lo que debe si puede hacer lo que le da la gana?

¡Ay! Qué gran personaje de novela de taberna cervantina es Celia Villabobos.
 Y el genio que tiene: habría que regalarle un lámpara mágica vacia, para que lo meta en ella.

Un gran beso sonoro para Celia por lo que me rio de con ella.

El Congreso: obras en el sótano no, retratitos sí

Aparentar y aparentar.

Ahora los políticos pretenden aparentar paralizando unas obras en el sótano de El Congreso. Ni dicen qué obras son. Porque lo importante es que parezca que se están comediendo con los gastos.
También desautorizan viajes al extranjero.

Pero todos con un iPad nuevo cada legislatura y entre todos los ciudadanos pagando retratitos de miles de euros para decorar las paredes de El Congreso con sus caras.

No sólo eso. El paripé del ahorro ya lo han utilizado con eso de "gastar menos en esta campaña", como si lo que se gastan fuese dinero público, que no lo es.

Lo que no he visto es a ninguno renunciar al dinero que sí les da el estado en función de la representación que consigan tras las elecciones, y que ese sí es público.

Aparentar y aparentar. Más de lo mismo.
Qué grandes son ustedes, señores diputados.

Caraduras de campeonato: los diputados

Trabajas cuatro años y tienes derecho a uno de paro: no más ni menos.
Pero la relación entre El Congreso y sus señorías no es laboral (¡ya se ve, ya!) y está regulada por otras normas que distan mucho de ser equiparables a las que tenemos el resto de ciudadanos.

Pero los señores diputados quieren más. Siempre quieren más. El descojono de los sinvergüenzas en El Congreso no tiene limite. Ni estratosférico. Algo que jamás he visto.

Sus señorías, después de su excelente trabajo en El Congreso y de que sus respectivos partidos se hayan estrellado (no hace falta ser muy listo para saber mayoritariamente el partido de esos diputados que no han obtenido un escaño) piden una indemnización porque no encuentran trabajo.

Señorías, espabilen, como el resto de ciudadanos. La sopa boba se ha terminado: a currar, caraduras.