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Exagera, que siempre habrá un ignorante que se alarme

http://elpais.com/elpais/2014/09/15/buenavida/1410799521_951286.html

Tecnópatas. Con este curioso adjetivo se denomina en este artículo de El País a quienes hacen un uso frecuente del móvil. Exacto, con el sufijo "-pata", de adicción.

Según El País resulta que hacer un uso frecuente del móvil es un síntoma de esa adicción, y por "frecuente" se entiende "más frecuentemente que cuando no se consultaba tanto".

Es como si alguien del siglo XIX nos calificase de "bombillópatas" por usar tanto la iluminación artificial en lugar de usar unas velitas o, mejor aún, irnos a dormir cuando se pone el sol como las gallinitas. Es absurdo hasta hacerte perder la voz de gritarlo.

Las misma idiotez se dijo de "los ordenadores" y los "peligros" de los niños que se "pasaban muchas horas ante el ordenador". Seguramente les pareciera mejor hacerlo ante la televisión, que por entonces ya dejaba mucho que desear comparado con la infinita variedad de información que ofrece Internet y de muchísima más calidad.

Es cierto que alguien puede hacer un abuso de cualquier cosa, pero dudo mucho que sea la mayoría.

Por ejemplo, yo ahora mismo, mientras escrito esto, le parezco a muchos que estoy chateando cúando la realidad es muy distinta: advertir de los artículos sesgados y amarillos de El País.

Siempre hay un cretino dispuesto a poner el grito en el cielo ante un cambio de hábitos sin tener en cuenta por qué se produce y por qué la gente lo encuentra útil, prefiriendo enarbolar una antorcha mientras hacen una pira donde poner a los de nuevos comportamientos " raritos".

El artículo ofrece perlas de este calibre al referirse al móvil: "Por un lado, nos está proporcionando un acceso instantáneo a personas e información. Pero, por otro, nos está deshumanizando.". Ahí es nada.

El País tiene ya un cierto historial de artículos sensacionalistas que hace tiempo pasaron la línea de la vergüenza.

De verdad, este artículo, en el mejor caso, va a causar que pobres ignorantes se preocupen innecesariamente de sus hijos o parientes a la vez que les incordian con estos erróneos argumentos.

Ni que usar un móvil fuese equivalente a chutarse heroína, o encender una bombilla.

La elegancia del silencio

La elegancia es algo que cada día veo no como algo innato sino como el resultado de una visión de la vida, de saber estar en el momento y lugar.

La gente de mi edad recordará cuando los ordenadores comenzaron a traer de serie tarjetas de sonido y la gente usaba los sonidos de Windows.

Durante los primeros minutos hacía gracia que un aparato que antes era como un televisor mudo ahora hiciera curiosos y novedosos sonidos.

La gracia se perdía en cuento a un problema Window respondía con un "¡Chan!" o un "¡Ding!" y para colmo a destiempo porque el ordenador no daba para hacer lo que debía y además estar sonando.

A parte quedan los nervios destrozados del resto de compañeros de oficina que no podían evitar oir aquel muestrario sonoro no solicitado.

Poco a poco la gente fue entendiendo el undécimo mandamiento (no molestar) y prácticamente desaparecieron exceptuando a cuatro gilipollas sin remedio.

Hoy en día, tenemos el mismo problema en las oficinas con los móviles: siempre hay un gilipollas con las alertas del calendatio sonando, las notificaciones de Whatsapp o cualquier otra cosa, pero sonando. Ya no entro en lo de los tonos de llamada, que son un reflejo del grado de gilipollez.

¿Realmente tanto cuesta poner el móvil en silencio y vibración? ¿Tanto?

Hay que ser gilipollas rematado.