El ministro de interior tiene algo en la cabeza. No sabemos qué, pero podemos
deducirlo en base a lo que dice y lo que hace. Y no pinta bien. Tiene aspecto de educación fallida, represora y cercenante del desarrollo normal de la personalidad que aboca al ser a un trastorno grave de la percepción del mundo y por ende de las soluciones que encuentra apropiadas a los problemas que la existencia nos pone delante.
deducirlo en base a lo que dice y lo que hace. Y no pinta bien. Tiene aspecto de educación fallida, represora y cercenante del desarrollo normal de la personalidad que aboca al ser a un trastorno grave de la percepción del mundo y por ende de las soluciones que encuentra apropiadas a los problemas que la existencia nos pone delante.
La última idea del ministro de interior nos ayuda mucho a saber lo que pasa por su cabeza: quiere regular el burca en manifestaciones.
Lo llamativo de su deseo no son en sí los cuatro conceptos del hecho expresado (querer, regular, burca, manifestaciones), no.
Lo llamativo es que hay un concepto que está metido con calzador y a martillazos: manifestaciones.
