Un político de ejemplo, que no ejemplar

Albert Rivera es un ejemplo de político. No porque sea ejemplar, sino porque cumple con todo lo que vemos que hacen los políticos y no deberían.

Por desgracia para él, su partido ha aterrizado en el congreso de los diputados en una época difícil parar los cuentacuentos. Y eso es lo que le está haciendo más daño.

Sus vaivenes mentales le ponen una y otra vez en aprietos, de los que intenta salir de nuevo con otro vaivén. Ni en los circos hay tantos juegos malabares.

¡Jo, jo jo! Las aseguradoras y los gobiernos

Que los políticos son una vergüenza es algo indiscutible. Son tantas incompetencias, una detrás de otra, que ya no queda duda.

Pero una más: las aseguradoras consiguen un mejor precio para la cura de la hepatitis C que los gobiernos. Ole.

Luego resulta que nos quejamos sin razón.

Si tuviera una barita mágica con una estrella el la punta les daba con ella en la cabeza hasta hacerles inteligentes, honestos y sinceros.

Patenta, patenta, que algo queda

Una patente debe cumplir ciertos requisitos, entre ellos, que sea innovadora, al menos en España y Australia.

Por este motivo rechazaron en este último país el intento de patentar la rueda. Tal cual lo lees. Aunque hay que matizar que esa patente la inscribió alguien para demostrar lo absurdo que estaba siendo el sistema en que se conceden, aunque se la rechazaron después de aprobársela, publicarlo y armarse un folloncito.

No obstante, Apple ha patentado una bolsa de papel con asas. También tal cual lo lees.

Me dan ganas de patentar cada una de mis creaciones en la taza del wáter.

Pero entonces recuerdo que hay dos formas de pedir una patente, al menos en España.
Una, la más barata, consiste en su mero registro.
La segunda, sustancialmente más cara, incluye su revisión y te asegura que no existe una patente previa de lo mismo y que la patente es válida.

Claramente Apple ha optado por la primera.

Claro que, teniendo un ejército de curiosos sin demasiado criterio pendientes de cuando estornuda Apple, al menos han obtenido publicidad.

Casi tan brillante como las "fugas" de información que tiene en los momentos más adecuados.

Señor político: explíqueme qué está haciendo

Lo de los políticos no sé si tiene nombre, pero de tenerlo no será bonito.

Recordemos que los políticos nos representan y por lo tanto deben seguir (sí, deben) seguir lo que les digan a quienes representan.

También deben (sí, deben) dar explicaciones de lo que hacen y por qué lo hacen.

Pero nuestros políticos no son capaces ni de esto último. Intentan hacerlo con toscos embustes que, por increíble que parezca, aún se tragan muchos.

"Son los menos malos" es un argumento muy usado. Coma usted un plato de gusanos con deleite y sonría al terminarse la generosa ración, que la alternativa es uno de boñiga de vaca. Sonría y siéntate afortunado.

No: esto puede ser habitual, pero no normal.

Lo de dar ruedas de prensa sin admitir preguntas es inaceptable, pero darlas a través de un televisor o, peor aún, grabadas, es el colmo: si siquiera quieren pasar el mal rato al intentar explicar la incoherencia de sus mentiras.

Cualquiera debería ser fiel a la verdad (al menos a la que conoce) pero en los políticos es una obligación. No hacerlo debería considerarse traición al estado, sin máss.

Pero son estos mismos políticos son los que hacen las leyes. Y luego viene lo que viene: la historia ya nos lo ha enseñado.

Pero a lo tonto a lo tonto, con un pasito adelante y dos atrás consiguen hacernos tragar balas de cañón.

Estos políticos se olvidan que no pueden huir de la sociedad a la que están tomando el pelo.
Esa sociedad en la que viven sus cómodas vidas, de la que viven, en la que han enquistado su forma de hacer.

Ustedes se están haciendo la cama en la que les tocará acostarse. Ustedes verán.

Por qué sin gobierno estamos mejor

España (sus políticos) llevan haciendo el imbécil desde el año pasado. Bueno, no es algo que me sorprenda: cada uno obra conforme a lo que es.

Pero esta es una de las mejores situaciones políticas que he vivido: ningún partido con mayoría absoluta en la que están obligados a ponerse de acuerdo en qué es mejor para todos: para todos.

Y no lo consiguen, lo que dice mucho de qué concepto tienen de qué es el bien común y de su capacidad para lograrlo.

Con políticos así, es mejor que el estado siga con un gobierno en funciones que se limite a mantener en funcionamiento lo que ya está en marcha, y así evitar más estropicios.

Además, esta situación les ha mantenido hasta el momento en una eterna campaña electoral en que se les ha visto el plumero a muchos, a prácticamente todos. Han pasado de decir una cosa a decir la contraria sin pestañear y todos viéndolo con estupor.

Les vemos mentir y ellos lo ven tan normal, como acostumbrados están a ello.

¿Estos políticos son los que tienen que representarnos? Apañados estamos entonces.

Y los alemanes también

Que los políticos ingleses son finos embusteros, es algo que ya conocemos.

Pero lo de los alemanes, sinceramente, no es algo que diera por supuesto.

Después de que en 2011 Alemania (sus políticos) pusieran el grito en el cielo porque Facebook violaba el derecho a la intimidad, ahora nos regalan esta perlaza.

Dieciocho leyes (18) leyes se han saltado del tirón. Para que no tengan nada que envidiar a la NSA. Son unos campeones, y en nuestra cara.

Más de lo mismo.

Universidades ¿ejemplares?

Las universidades deben ser un hervidero de ideas, creaciones, sabiduría e investigación.

¿Lo son? Lamentablemente, en muchos casos, no.

Cuando floreció la idea de "enseñanza para todos", con iniciativas como Coursera, a varias universidades españolas les faltó tiempo para subirse al carro, con un catálogo de cursos que, en el mejor caso, puede calificarse de purria. Pero lo importante era que se las asociara con la idea. No sorprende: parece que las universidades españolas tienen ese aire de importancia, que en muchos casos no se corresponde con la realidad.

Pero veamos uno de esos casos, en el que la Universitat Politècnica de Catalunya (UPC) se ha cubierto de gloria cuando dio su salto al carro de la educación gratuita, cayendo de bruces en la cuneta: es este.

Lo anuncian a bombo y platillo y resulta que los documentos, el corazón del tema, son de acceso restringido: olé.
No han entendido nada.