Vuelve a cambiarla, Sam

Cambiar, cambiar, cambiar. Si no cambia es aburrido y obsoleto.

Esto que parece razonable, tiene su ámbito de aplicación, pero mucha gente parece creer que es aplicable a todo.

Una de las últimas desgracias es la actualización de Ubuntu 10.04 a 11.10: una vez más, después de la actualización he tenido que perder un día entero volviendo a configurar la apariencia de las cosas, no a algo nuevo y novedoso, si no a como estaba antes de la actualización.


Ubuntu One, prometía ser la repera de la innovación. Y puede que lo sea, pero no era necesario adoptar el pésimo aspecto de la versión "laptop" (para portátiles) en la versión "desktop" (para ordenadores de sobremesa). 
Que si Ubuntu One, que si Unity, que si esto y aquello. Pero la verdad es que, además de novedades, tenían que tocar la apariencia y ubicación de todo. De todo.


No quisiera que se me malinterprete: no estoy en contra de los cambios. Me parecen necesarios, dentro de su ámbito. Pero el cambiar por cambiar, en cosas que no necesitan cambios es un claro indicador de que el responsable de ello se está aburriendo y mucho.



Bendigo el momento en que Microsoft cambió el aspecto de Windows 3.11 y adoptó el de Windows 95, se me turce la cara al ver el aspecto de Windows XP (que tardé venticuatro horas en cambiar por el de Windows 95), y maldigo el momento en que Microsoft comenzó a meter la trituradora a diestro y siniestro en Windows Vista y Windows 7. 
Si una de las grandes alabanzas que recibió Microsoft con Windows fue la estandarización del aspecto y ubicación de las opciones en los programas,  se cagó en ello a partir de Windows Vista: nada estaba donde antes estaba y había que perder el tiempo en encontrarlo. Repito: perder el tiempo. Pero la publicidad promete "aumentar la productividad". Reto a alguien que usase Microsoft Office 2000 a que utilice la última versión y cronometramos la productividad.


Algo similar padece Ubuntu. De aspecto áspero en sus inicios, se mantuvo más o menos con el mismo aspecto desde que comencé a usarlo desde la versión 8. De echarle en falta multitud de herramientas en las primeras versiones pasé a buscar aplicaciones equivalentes para mi Windows. 
Pero Canonical, la empresa que lo gestiona, se aburría. No sólo tenía ideas, además tenían que parecer más novedosas e importantes de lo que en realidad son. Y la fastidiaron en la versión 10.04 con Ubuntu One: un escritorio en el que no hay nada importante que está pensado para gente que utiliza cuatro o cinco aplicaciones y además tiene una pantalla enooooorme en la que caben esos pedazo de iconos y textos para miopes.

Y no sólo en la versión 10.04. También volvieron a fastidiarla en la versión 11.10. Por suerte he descubierto Xfce: un escritorio que permite configurar el aspecto a algo modesto y austero pero realmente útil.


A sus responsables de Microsoft y Canonical yo los sentenciaba a usar teclados qwerty en los que cada mes alguien les cambiase de sitio unas cuantas teclas (y su función, claro). Entonces se darían cuenta de lo importante es que algunas cosas no cambien y menos aún enarbolando la productividad como razón para el cambio innecesario.

Nadie parece darse cuenta de la importancia de que Adobe haya mantenido sin grandes cambios la barra de herramientas en Photoshop. O que Apple haya mantenido intactos los menús. Espero que alguien comience a darse cuenta, y pronto.

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