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Android Pie y Google por mal camino

Ayer se actualizó mi teléfono móvil a Android Pie, la última versión del sistema operativo de Google para dispositivos móviles.
Y, ¡oh!, aparece en algunas aplicaciones una advertencia de que la App (la forma "guau" de llamar a una aplicación) está diseñada para una versión anterior y que igual tiene algunos problemillas.
Y los desarrolladores a caballo de los cambios que se le antojen a Google.
Programar una aplicación requiere tiempo y esfuerzo, y a Google parece que eso le trae sin cuidado, el mismo cuidado que debería tener con los que son sus clientes.
Porque un desarrollador, no solo programa la aplicación sino que enriquece ese espacio de comercio y publicidad de donde Google obtiene cuantiosos beneficios.
Pero Google ha optado por el camino corto: "Yo lo cambio y ya se apañarán los desarrolladores.". Mal. Muy mal.
La mayor diferencia que he encontrado como usuario es que ahora el reloj está a la izquierda, el control del volumen ahora está en vertical y el ya típico cambio de colorines en los iconos, para que te vayas perdiendo si ya estabas familiarizado con los anteriores.
Porque Google, entre otras empresas que desarrollan software, parecen ignorar cual es la función de los iconos: la identificación rápida de elementos por su imagen y no por un texto. Y cambiando la imagen de los iconos echan por tierra su utilidad.

Cada 5 años reinventando la rueda: La alta improductividad de los cambios en sistemas.

Es patético pero así es. En informática hay la fea costumbre de tirarlo todo para volverlo a hacer entero. Es un reflejo del consumismo con el que azotan nuestros culos.

Eso de hacer las cosas bien no se estila. Y a veces no es por falta de tiempo sino al revés: alguien se toma todo el tiempo del mundo para hacer una mierda monumental.

La mayoría de los programas informáticos no hacen grandes virguerías: simplemente automatizan algo muy pesado de hacer, aunque no difícil.

La mayoría de la veces lo que una persona necesita para introducir datos en un programa es bastante común y se conoce perfectamente desde los años 80. Pero siempre hay alguien dispuesto a reinventarlo cometiendo los mismos errores del pasado si no peores.