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Android Pie y Google por mal camino

Ayer se actualizó mi teléfono móvil a Android Pie, la última versión del sistema operativo de Google para dispositivos móviles.
Y, ¡oh!, aparece en algunas aplicaciones una advertencia de que la App (la forma "guau" de llamar a una aplicación) está diseñada para una versión anterior y que igual tiene algunos problemillas.
Y los desarrolladores a caballo de los cambios que se le antojen a Google.
Programar una aplicación requiere tiempo y esfuerzo, y a Google parece que eso le trae sin cuidado, el mismo cuidado que debería tener con los que son sus clientes.
Porque un desarrollador, no solo programa la aplicación sino que enriquece ese espacio de comercio y publicidad de donde Google obtiene cuantiosos beneficios.
Pero Google ha optado por el camino corto: "Yo lo cambio y ya se apañarán los desarrolladores.". Mal. Muy mal.
La mayor diferencia que he encontrado como usuario es que ahora el reloj está a la izquierda, el control del volumen ahora está en vertical y el ya típico cambio de colorines en los iconos, para que te vayas perdiendo si ya estabas familiarizado con los anteriores.
Porque Google, entre otras empresas que desarrollan software, parecen ignorar cual es la función de los iconos: la identificación rápida de elementos por su imagen y no por un texto. Y cambiando la imagen de los iconos echan por tierra su utilidad.

Nokia 8: seguimos.

Llega la primera actualización del Nokia 8 con título "Actualización de seguridad de Google" y, como su nombre sugiere, no arregla el fallo que termina el reproductor de música cuando el móvil entra en modo de suspensión a los 30 minutos.

Un olé por Nokia.

Confirmado: con cada actualización Android va peor

Dicen que la esperanza es lo último que se pierde. Yo sigo esperando que mi móvil con Android vuelva a funcionar igual de suave que cuando lo compré.

La última vez que medí cuanto tardaba desde que pulsé el botón de inicio hasta que aparecieron los iconos resultó en la friolera de siete segundos. Ahí es nada.

Y eso después actualizarlo.

Actualiza, actualiza, que es gratis (o no)

Hay personas que parece que vamos a trabajar para ver cómo se actualiza el ordenador: lo pones en marcha y, ale, a actualizar.

Y lo peor de todo es que mientras se actualiza todo funciona como el culo, si es que puedes hacer algo mientras.
Y como el proceso de actualización necesite usar bastante memoria, la has cagado, porque entonces el ordenador se pondrá como loco a paginar memoria sobre el disco duro y ahí olvídate hasta de mover el ratón son soltura.

Es otra de las vergüenzas de la informática.

Tenía que pasar: actualizaciones que dejan inservible el dispositivo

Si el control de calidad del software no es capaz de evitar que se publique cuando contiene errores, era cuestión de tiempo que las actualizaciones que corrigen esos errores también los tuvieran.

Ese es el principal motivo por el que se le da al usuario la decisión última de si instalarlas o no.

Apple ha inaugurado esta nueva vuelta de tuerca con una actualización de sus Apple Watch que los deja inservibles.

Da miedo, la verdad.

Imagina que Microsoft comete el mismo error y las actualizaciones fueran automáticas. El resultado sería que millones de ordenadores quedarían inservibles, al menos hasta que un técnico los reparase.

Viva el coste TCO (Total Cost Of Ownership, Coste total de Propiedad) que enarbolan las compañías como Microsoft para que te actualices a sus nuevas versiones.

Pero no te preocupes: seguro que la nueva versión de Windows es más "divertida, confiable y rápida".

Google también la caga

Después de instalar la nueva actualización de Android he tenido la desagradable sorpresa de ver cómo la marca de "favorito" ha desaparecido de todas las canciones de mi móvil. Ahora tendré que volver a revisarlas todas de nuevo. Por tercera vez.

Sí: por tercera. Porque llueve sobre mojado.

Hace unos días, y a pesar de tener configurado Google Play para que no actualice automáticamente las aplicaciones, él solito se puso a actualizar las que le dio la gana, entre ellas Google Música. Al desinstalar la actualización, ¡oh, sorpresa!, habían desaparecido todas las puñetera marcas de favoritos.

Pero es que hay más: Google Música intenta conectarse con tu cuenta de Google y puedes llegar a ver un error de inicio de sesión si no tienes conexión de datos.

Todo esto sin entrar a valorar el desaguisado que tienen liado con la interfaz de la aplicación.

¡Bravo! Google ha conseguido que su aplicación me parezca tan mala como para buscar otra alternativa. Porque un simple reproductor no es tan complicado.

Nuevas tendencias informáticas, o sea

Que las empresas nos quieren vender la moto está claro: ellos quieren tu pasta.

Pero hay una gran diferencia entre obtenerla honradamente o timando. Las empresas de software no son una excepción y Microsoft es prácticamente la abanderada de aquello último. Capaz de venderte lo mismo una y otra vez y sin dejar de cagarla, está obteniendo lo que ha sembrado en sus usuarios: indiferencia.

Y los usuarios están matando a Microsoft con eso: indiferencia. Y por usuarios no sólo me refiero a quien tiene un ordenador en su cada, sino también a las empresas que usan programas de Microsoft.

Pondré un ejemplo:

Vuelve a cambiarla, Sam

Cambiar, cambiar, cambiar. Si no cambia es aburrido y obsoleto.

Esto que parece razonable, tiene su ámbito de aplicación, pero mucha gente parece creer que es aplicable a todo.

Una de las últimas desgracias es la actualización de Ubuntu 10.04 a 11.10: una vez más, después de la actualización he tenido que perder un día entero volviendo a configurar la apariencia de las cosas, no a algo nuevo y novedoso, si no a como estaba antes de la actualización.


Ubuntu One, prometía ser la repera de la innovación. Y puede que lo sea, pero no era necesario adoptar el pésimo aspecto de la versión "laptop" (para portátiles) en la versión "desktop" (para ordenadores de sobremesa). 
Que si Ubuntu One, que si Unity, que si esto y aquello. Pero la verdad es que, además de novedades, tenían que tocar la apariencia y ubicación de todo. De todo.


No quisiera que se me malinterprete: no estoy en contra de los cambios. Me parecen necesarios, dentro de su ámbito. Pero el cambiar por cambiar, en cosas que no necesitan cambios es un claro indicador de que el responsable de ello se está aburriendo y mucho.



Bendigo el momento en que Microsoft cambió el aspecto de Windows 3.11 y adoptó el de Windows 95, se me turce la cara al ver el aspecto de Windows XP (que tardé venticuatro horas en cambiar por el de Windows 95), y maldigo el momento en que Microsoft comenzó a meter la trituradora a diestro y siniestro en Windows Vista y Windows 7. 
Si una de las grandes alabanzas que recibió Microsoft con Windows fue la estandarización del aspecto y ubicación de las opciones en los programas,  se cagó en ello a partir de Windows Vista: nada estaba donde antes estaba y había que perder el tiempo en encontrarlo. Repito: perder el tiempo. Pero la publicidad promete "aumentar la productividad". Reto a alguien que usase Microsoft Office 2000 a que utilice la última versión y cronometramos la productividad.


Algo similar padece Ubuntu. De aspecto áspero en sus inicios, se mantuvo más o menos con el mismo aspecto desde que comencé a usarlo desde la versión 8. De echarle en falta multitud de herramientas en las primeras versiones pasé a buscar aplicaciones equivalentes para mi Windows. 
Pero Canonical, la empresa que lo gestiona, se aburría. No sólo tenía ideas, además tenían que parecer más novedosas e importantes de lo que en realidad son. Y la fastidiaron en la versión 10.04 con Ubuntu One: un escritorio en el que no hay nada importante que está pensado para gente que utiliza cuatro o cinco aplicaciones y además tiene una pantalla enooooorme en la que caben esos pedazo de iconos y textos para miopes.

Y no sólo en la versión 10.04. También volvieron a fastidiarla en la versión 11.10. Por suerte he descubierto Xfce: un escritorio que permite configurar el aspecto a algo modesto y austero pero realmente útil.


A sus responsables de Microsoft y Canonical yo los sentenciaba a usar teclados qwerty en los que cada mes alguien les cambiase de sitio unas cuantas teclas (y su función, claro). Entonces se darían cuenta de lo importante es que algunas cosas no cambien y menos aún enarbolando la productividad como razón para el cambio innecesario.

Nadie parece darse cuenta de la importancia de que Adobe haya mantenido sin grandes cambios la barra de herramientas en Photoshop. O que Apple haya mantenido intactos los menús. Espero que alguien comience a darse cuenta, y pronto.