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Poli bueno, poli malo. Concursante idiota, concursante más idiota.

Las películas no dejan de enseñarnos cosas. Es lo que tienen los cuentos y las fábulas, que nos dan información sobre cosas que no hemos vivido, incluidas cosas que no han sucedido pero que podrían suceder. Aun así hay que oír los cuentos y ver las películas con precaución para no caer en errores como creer posibles cosas imposibles o directamente creer que personajes que sufren de grave histrionismo, como una de las protagonistas de la serie "El barco", es algo normal y no enfermizo.

Los roles de poli bueno y poli malo nos es muy familiar, incluso el de poli malo y poli peor. Algo parecido sucede en el programa " Adán y Eva": nos ponen delante una cretina y a un cretino. Luego se les une una cretina más y cuando parece que hay buen rollito entre dos de ellos, meten a un cretino más y podrías llegar a pensar que el que es menos idiota es el normal, pero no: no ha dejado de ser idiota desde el principio, solo que es el menos idiota de los cuatro.

Y eso es lo que enseñan este tipo de programas, como en su momento Gran Hermano: que ser gilipollas es normal y hasta se gana dinero siéndolo.

Las películas dejaron de ser inocentes y de ser educativas cuando el productor tenía la intención de darles la mierda que reclamaba el público (lo que me llegué a reír con la escena de "give us our shit" en la película "The interview") y cuando se dio cuenta además que podía utilizarlas para influir en la opinión pública para su propio beneficio, el del productor o sus periféricos, no el del público. Qué enormes destrozos han hecho las películas románticas.

Y programas como Adán y Eva nos enseñan que ser un imbécil es lo normal.

Las telecomunicaciones del futuro

Cuando nos hablan de las telecomunicaciones del futuro nos muestran películas. No me refiero a un rollo inventado si no a verdaderas películas. Pasas la mano por un sitio y ¡oh! descuelgas el teléfono. Dices "llamar" y ¡oh! llama automáticamente.

Todo es más de lo mismo, a lo que nos tiene acostumbrada la publicidad y la falta de honestidad de los anunciantes, en este caso que me ocupa hoy, las compañías de telecomunicaciones.

Esos anuncios que parecen de compresas y te das cuenta de que no lo son sólo por la marca que aparece al final.

Y todo esto teniendo en cuenta que las compañías de telecomunicaciones son TAN IMCOMPETENTES QUE NO PUEDEN HACER CONFIGURABLE CUANTAS VECES SUENA EL PUTO TELÉFONO ANTES DE QUE ENTRE EL CONTESTADOR AUTOMÁTICO.

Merced a esta ineptitud, seguimos corriendo en nuestras casas para coger el teléfono. Gracias queridas compañías, Orange en mi caso, gracias. Gracias a la de antes, Jazztel y a que la precedió, Telefónica (ahora super Movistar, o sea). A todas, gracias por facilitar la vida de vuestros CLI-EN-TES.