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Porque le da la gana. Porque él cree que lo vale.


El ministro del interior de España, Jorge Fernández Díaz, hace como su gobierno: lo que le da la gana, haya la ley que haya.

A pesar de tener aún bien fresca en la memoria las atroces actuaciones de la Policía Nacional en distintas manifestaciones, aún así, se permite el lujo de intentar intimidar a la ciudadanía con una amenaza basada en una más que libre interpretación de la ya poco acertada ley de seguridad ciudadana.

No le basta al señor ministro con ver en la pantalla vídeos que demuestran cómo la policía se saltaba la ley que debe hacer acatar, sino que para colmo no hacía nada al respecto. Además pretende, o mejor dicho amenaza, con requisar esos vídeos y los dispositivos con que se graban, única prueba que demostraba no solo la verdad sino que además dejaba en evidencia como utilizan con desvergüenza la presunción de veracidad de que gozan los cuerpos de seguridad para intentar ocultar sus actos.

Tuvo que acceder a regañadientes ante las quejas del defensor del pueblo y la Unión Europea a que los antidisturbios estuvieran obligados a llevar un número identificativo, más pequeño de lo que se les sugería, para reducir sus impunes excesos.

Bravo señor ministro, bravo. En una sola frase nos ha recordado a todos quién y qué es usted.
Nadie podría haberlo descrito mejor y en menos palabras que usted. Bravísimo.

Gastando dinerito público en tonterías

Hay alguien en el gobierno actual de España que parece tonto. Tonto de remate.
Alguien que aprobó el gasto de dinero público, nuestro dinero, el dinero de todos, el dinero que aportamos al estado para hacer de este país un lugar mejor, el dinero que debe cubrir nuestras necesidades, en anuncios para promocionar que vayas andando al trabajo.

En plena crisis, con más de un 25% de paro y recortes por todas partes, el Ministerio del Interior de España y la Dirección General de Tráfico te animan a ir a pie al trabajo, a quien tenga trabajo, claro.

Personalmente conozco a poca gente que viva lo suficientemente cerca de su trabajo como para que ir a pie sea una opción. La mayoría trabaja en una población distinta a la de su domicilio. Ir en bicicleta tampoco es viable.

El infame anuncio dice:

Caminando de vez en cuando pongo distancia entre el sobrepeso y yo. Cuando voy andando al trabajo, pierdo de vista el estrés. 
Si paseo atenta a lo que me rodea voy dejando el riesgo atrás. Y por si fuera poco, andar también es sano para mi economía. 
Porque caminar nos acerca a una mejor calidad de vida, da el paso, anda.




Te animan a que camines, porque es sano y porque así ahorras. Hay que joderse. ¿A qué clase de idiotas está dirigido el anuncio? ¿A la misma clase que los que lo aprobaron?

Y no sólo se han gastado dinerito público en los anuncios en televisión, no. También han hecho una fantástica web: www.caminantedigital.es


El video de entrada tampoco tiene desperdicio:

Caminas. Y mientras caminas te alejas de una realidad gris, llena de problemas y nervios que no van contigo.
Caminas. Y mientras caminas tu cuerpo de lo agradece.
Caminas. Y mientras caminas te fijas en colores imposibles, en rincones nunca vistos, en encuadres que son tu mirada y la de nadie más.
Eres peatón, pero no uno cualquiera. Conoces tu fragilidad, pero también sabes que la realidad está hecha para disfrutarla andando.
Captura ahora esa realidad a pie de calle y sube tus fotos a Instagram con el hashtag #caminantedigital antes del 26 de mayo. 
Las 23 mejores obras se expondrán en Photo España 2013.
Inspira a los que te rodean para hacer de las calles un lugar más amable y seguro. Un lugar para las personas.

Sencillamente brillante. A mí me recuerdan a los anuncios de compresas. En su conjunto es un excelente ejemplo de cómo malgastar dinero público, a la altura de la campaña "Envàs, on vas?" que  pagó la Generalitat de Catalunya. ¡Son todos unos genios! ¡Unos fenómenos de la gestión eficiente!

¿Qué será lo siguiente? ¿Empapelar el interior del Congreso de los diputados con billetes de 500 euros?

Qué país... ¡Qué país!

Orden de alejamiento de ciudadanos a políticos, pero no al revés

Torre Eureka y sus casi 300 metros
Hoy leo que el Ministerio del Interior, que preside Jorge Fernández Díaz, decidirá en cada caso la distancia mínima a la que los ciudadanos pueden exigir a los políticos que cumplan con su deber y expresar su descontento (www.publico.es), desmintiendo al secretario de Estado de Seguridad (Francisco Martínez), que dijo que sería de 300 metros por norma general.

Pero visualicemos qué son 300 metros: la Torre Eureka mide un poquitín menos. Ahora imagina que alguien desde la azotela le grita a alguien que está en la calle "¡No te olvides de comprar el pan!". Que me perdonen, pero a esa distancia ni se te ve ni se te oye.

Tan sólo espero que esa distancia sea mútua, sin excepciones durante las campañas electorales. Es más: me están entrando unas ganas de exigir que no se me acerque ninguno a menos de 300 metros...

Estos políticos son unos craks, haciendo y hablando. Es como el club de la comedia pero en versión 24 horas.