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Vuelta de tuerca: libertad de panorama

La libertad de panorama es un derecho que tienen los ciudadanos y que les permite fotografiar cualquier obra artística que esté en la vía pública, sea cual sea el uso que vaya a darse a esas fotografías.
En España es una excepción a los derechos de autor recogidos en la Ley de Propiedad Intelectual, en su artículo 35.2.

La Pedrera ya se puede fotografiar y hacer con esas fotografías lo que más nos plazca. Salvo una excepción: los elementos de su azotea, porque no son visibles desde la calle ni están en la vía pública.

Ahora le llega el turno a la Torre Agbar: GettyImages no permite en su catálogo fotografías cuyo tema central sea esta torre. ¿Por qué? Solo en GettyImages lo sabrán, pero en España no hay motivo alguno por el que no se pudiera hacer cualquier cosa con esas fotografías.

Bienvenidos a la usurpación de derechos de los ciudadanos.

En lo que a mí respecta ya son tres los sitios que pienso ignorar y olvidar con todo mi ahínco: la Biblioteca de les Aigües, la azotea de La Pedrera y la Torre Agbar.

Porque le da la gana. Porque él cree que lo vale.


El ministro del interior de España, Jorge Fernández Díaz, hace como su gobierno: lo que le da la gana, haya la ley que haya.

A pesar de tener aún bien fresca en la memoria las atroces actuaciones de la Policía Nacional en distintas manifestaciones, aún así, se permite el lujo de intentar intimidar a la ciudadanía con una amenaza basada en una más que libre interpretación de la ya poco acertada ley de seguridad ciudadana.

No le basta al señor ministro con ver en la pantalla vídeos que demuestran cómo la policía se saltaba la ley que debe hacer acatar, sino que para colmo no hacía nada al respecto. Además pretende, o mejor dicho amenaza, con requisar esos vídeos y los dispositivos con que se graban, única prueba que demostraba no solo la verdad sino que además dejaba en evidencia como utilizan con desvergüenza la presunción de veracidad de que gozan los cuerpos de seguridad para intentar ocultar sus actos.

Tuvo que acceder a regañadientes ante las quejas del defensor del pueblo y la Unión Europea a que los antidisturbios estuvieran obligados a llevar un número identificativo, más pequeño de lo que se les sugería, para reducir sus impunes excesos.

Bravo señor ministro, bravo. En una sola frase nos ha recordado a todos quién y qué es usted.
Nadie podría haberlo descrito mejor y en menos palabras que usted. Bravísimo.