No, pero sí, pero no, pero que aclaren quien es el follonero

La corrección de algo no depende de quien lo haga. Como mucho lo matiza pero no hasta el punto de darle la vuelta.

Es el caso de la guardia civil pidiendo el permiso de armas a los figurantes de los Miquelets d'Olesa. http://m.publico.es/542791

La noticia, dicha así, parece una actuación desmesurada de la Guardia Civil y huele a venganza por el presunto robo con nocturnidad de una bandera independentista por miembros de ese mismo cuerpo de seguridad en otra población catalana.

Pero resulta que la actuación la iniciaron como respuesta a la denuncia de un ciudadano, representante político, en concreto un concejal del Partido Popular, del cual no dan el nombre los diarios, ante el disparo de salvas delante de su casa, lo cual puede sonar a intento de  intimidacion, más aún si fuese cierto lo que me han contado, que se dispararon al unisono, cual fusilamiento. Que sea del PP es irrelevante para el fondo del asunto.

Ahora bien. Habría que preguntar a la Guardia Civil si los figurantes únicamente dispararon salvas en ese lugar o si el disparo de salvas es parte habitual de la representación, porque si es algo habitual entonces el ciudadano actuó de mala fe, porque sabría que no se trata de una actuación específica hacia él.

Aun así, alguien debería aclarar si esos trabucos necesitan permiso de armas o si por el contrario se pueden considerar petardos si por ejemplo el orificio de salida está obstruido impidiendo su uso como arma.

En cualquier caso todo en conjunto suena a un grupo de metemierdas de un lado y otro con ganas de follón a expensas de los impuestos de todos los ciudadanos cuando se podría solucionar la tontería de formas mucho más elegantes y menos costosas.

Si en efecto hubiera mala fe por parte del político, mal político entonces, y estaríamos de nuevo en el mismo caso de siempre: políticos que no saben hacen su trabajo por incompetencia, vagancia o intereses propios.

Ardo en deseos de saber más detalles del asunto y saber quién es o son los gilipollas de la historia.

Desinstalando sin piedad

Hoy ha aparecido una "s" pequeñita en la barra de notificaciones de mi móvil, la he desplegado y, sorpresa, era una notificación de Shazam para informarme de "la canción de la semana".

¿¡Que qué!? Y la he desinstalado.

No sé si alguien recuerda AirPush.

Hace algún tiempo ciertos programadores y empresas con una visión monocular y a medio camino entre la cabeza y los pies empezaron a incluir en sus aplicaciones una cosa llamada AirPush.
Y lo hicieron como locos por la avaricia de rentabilizar sus inversiones en el desarrollo de App's. La falta de visión fue mayúscula.

AirPush te iba mm molestando constantemente con publicidad que iba apareciendo en la barra de notificaciones. ¿Molesto? Sí y mucho.

Y la demanda fue safisfecha con oferta, AirPush Detector. Una aplicación para poder identificar qué App te estaba jodiendo la vida con la publicidad. Porque en las App's no avisaban de que incluían AirPush.

Y tan rápido como la gente se instalaba una App la desinstalaba al ver que incluía el pestilente parásito publicitario.

Y AirPush se vio obligada a pedir permiso a los usuarios para poder enviarles notificaciones con publicidad hasta hacerles vomitar.
Y sin embargo está calificada como la segunda empresa más prometedora por Forbes. Qué ojo tienen en Forbes.

Evidentemente el modelo de negocio que pretendía AirPush se vio truncado por Google antes de echar sus primeras hojitas.

Google establece en su política para aplicaciones que las notificaciones deben poderse relacionar con la aplicación que las efectúa, algo que no hacía AirPush y establecía algunos detallitos más para los listillos que creían en la ley de la jungla.

Y Shazam se ha creído lo mismo. Y conmigo ya la han cagado: me acabo de instalar SoundHound.

La cabeza del ministro de interior

El ministro de interior tiene algo en la cabeza. No sabemos qué, pero podemos
deducirlo en base a lo que dice y lo que hace. Y no pinta bien. Tiene aspecto de educación fallida, represora y cercenante del desarrollo normal de la personalidad que aboca al ser a un trastorno grave de la percepción del mundo y por ende de las soluciones que encuentra apropiadas a los problemas que la existencia nos pone delante.

Lo llamativo de su deseo no son en sí los cuatro conceptos del hecho expresado (querer, regular, burca, manifestaciones), no.

Lo llamativo es que hay un concepto que está metido con calzador y a martillazos: manifestaciones.

El dinero y la comida

No todo se vende envasado.
Hay alimentos que se venden a granel, troceados o simplemente sin envase.
Pastelerías en que colocan perfectamente los dulces con la mano en la bandeja dorada y con la misma mano desnuda te cobran (pastelería Roquetes, barrio de Prosperitat, Barcelona).

Charcuterías donde recogen con mimo y con la mano las lonchas recién cortadas para luego dejarlas sobre el papel encer
ado para después cobrarte con la misma mano (Charcutería Muntanya, barrio de Sants, Barcelona).

Charcuterías donde usan guantes para manipular los productos recién loncheados y luego te cobran con el guante puesto (Charcutería Enrique Tomás, centro comercial La Maquinista, barrio de Sant Andreu, Barcelona).

Panaderías donde cogen unas pinzas con una mano para luego coger la barra de pan, atentos, con dos dedos de la misma mano pero sin usar las pinzas y luego te cobran con la misma mano (pastelería Pa Artesà, barrio de Sant Andreu, Barcelona).

Lo peor no es que en algunos comercios no tomen medidas higiénicas si no que en otros sí las toman pero incorrectamente por negligencia y simple y llana pereza y desidia de los empleados.

Todos estos comercios demuestran una temeridad higiénica ante la que cualquier inspector de sanidad se echaría las manos a la cabeza primero y luego a los formularios de sanción.

Algo intolerable que pone en riesgo la salud de sus clientes, a los que ni respetan ni cuidan. Algo que se debe señalar con rostro muy serio en el momento en que ocurre, abandonar la compra al más mínimo intento de excusa por su parte y plantearse muy seriamente si volver de nuevo en el futuro a ese comercio que presta tan poco cuidado con algo tan valioso como tu salud.

Volviendo a pensar en César Alierta

Recuerdo cuando César Alierta, presidente de Telefónica de España y olé, se quejaba de que su compañía no veía ni un euro por el negocio que hace Google según él gracias a que usaba su red de comunicaciones.

Su desfachatez fue tal que ya escribí un comentario al respecto.

Pero hoy me ha vuelto a la memoria el asunto y pensaba qué ocurriría si al listillo se le ocurriese poner una tarifa a Google por ese concepto.

Casi me caigo de la risa al recordar un episodio con una consecuencia similar en el que Google no  perdió dos minutos en medio cerrar el grifo al acceso a YouTube desde la red de Telefónica.

Cómo convencer a tu cliente de que contrate más cuota de datos

Actualmente ninguna compañía de telefonía móvil ofrece contratos con "tarifa plana" de datos a un precio razonable.

Ya ocurrió con las conexiones a Internet a través de la red de fijos, cuando se usaban módems. Las compañías estuvieron intentando vendernos cuotas a precios astronómicos, luego a precios más asequibles, después falsas tarifas planas y finalmente las tarifas planas de verdad.

Pero ¿qué debe como mínimo hacer una compañía para que su cliente se plantee contratar una cuota de datos mayor? Sin duda un servicio impecable durante la cuota que tiene contratada actualmente.

Si ya durante la cuota actualmente contratada el servicio no es bueno ¿quién compra más mierda? Nadie. Pero no se enteran.

El País y Alberto Ruiz Gallardón: de traca

Hoy pública El País un articulo con el titular "Gallardón propone que España
pase de tener 17.621 aforados a solo 22".

Sorprendente. Un ministro que ha conseguido cabrear a tanta gente, de repente le comienza a funcionar el cerebro.

Pero ahí queda la cosa. Chispazo, relumbrón y ya está.

Uno comienza a leer el artículo y se da cuenta de lo que es: una entrevista, publicidad para el señor ministro, aunque luego deriva en un camino de cubos en el que el ministro avanza metiendo un pie tras otro en ellos.